El Reloj de Flores de Viña del Mar: una historia que comenzó con un Mundial
Si hay una fotografía que no puede faltar después de visitar Viña del Mar, probablemente sea frente a su famoso Reloj de Flores. Ubicado a los pies del Cerro Castillo y a pocos pasos de Caleta Abarca, este colorido rincón se ha convertido en uno de los grandes símbolos de la Ciudad Jardín.
Pero detrás de sus flores, sus enormes manecillas y las miles de fotografías tomadas cada año existe una historia que se remonta a uno de los acontecimientos deportivos más importantes vividos en Chile.
Un reloj creado para recibir al mundo
La historia del Reloj de Flores comienza en 1962, cuando Chile fue sede de la Copa Mundial de Fútbol. Viña del Mar fue una de las ciudades elegidas para recibir partidos del campeonato y debía prepararse para la llegada de delegaciones y visitantes provenientes de diferentes partes del mundo.
Fue en ese contexto que nació la idea de crear una nueva atracción para la ciudad. El proyecto impulsado durante la administración del entonces alcalde Gustavo Lorca buscaba combinar dos elementos que representaran a Viña del Mar: la belleza de sus jardines y una obra capaz de sorprender a quienes llegaban a conocer la ciudad.
Así nació el Reloj de Flores, inaugurado el 15 de mayo de 1962, poco antes del comienzo del Mundial. Su ubicación tampoco fue elegida al azar: instalado a los pies del Cerro Castillo y frente al sector de Caleta Abarca, se encontraba en uno de los principales accesos turísticos de la ciudad.
Una obra con tecnología suiza y espíritu viñamarino
Para dar vida al proyecto se utilizó un mecanismo fabricado por la empresa suiza Favag, proveniente de Neuchâtel, una ciudad reconocida por su tradición relojera.
Su estructura se integró cuidadosamente al paisaje mediante un diseño formado por flores y plantas ornamentales, creando una combinación poco habitual entre ingeniería, naturaleza y paisajismo.
Con el paso de los años, las flores han sido renovadas para mantener el característico colorido del lugar y adaptar su apariencia a las diferentes temporadas. De esta manera, aunque el reloj permanece en el mismo lugar, su imagen puede cambiar y sorprender nuevamente a quienes regresan a visitarlo.
De atractivo turístico a símbolo de Viña del Mar
Lo que comenzó como una obra creada para recibir a los visitantes del Mundial de 1962 terminó convirtiéndose en uno de los lugares más reconocibles de Viña del Mar.
Hoy, detenerse frente al reloj y tomarse una fotografía es casi una tradición para quienes visitan la ciudad por primera vez. Incluso existe una popular creencia que dice que quien se fotografía junto al Reloj de Flores algún día regresará a Viña del Mar.
¿Será verdad? Quizás la única forma de descubrirlo sea tomándose la fotografía.
Mucho más que una fotografía
Visitar el Reloj de Flores también puede ser el comienzo perfecto para descubrir Viña del Mar caminando.
Desde aquí puedes continuar hacia el sector de Avenida Marina, disfrutar de las vistas hacia el océano y conocer lugares emblemáticos como el Castillo Wulff. Siguiendo el recorrido por la costa encontrarás diferentes rincones que muestran por qué Viña del Mar se ha convertido en uno de los destinos turísticos más visitados de Chile.
Porque conocer una ciudad no consiste solamente en visitar sus principales atractivos. También significa descubrir las historias que existen detrás de ellos, observar sus detalles y entender cómo esos lugares llegaron a formar parte de la identidad de quienes viven allí.
Descubre Viña del Mar con nosotros
En Let’s Walk queremos que conozcas mucho más que los lugares que aparecen en las fotografías. Queremos acompañarte a descubrir sus historias, curiosidades y aquellos pequeños detalles que muchas veces pasan desapercibidos.
El Reloj de Flores puede ser solamente la primera parada de una aventura por la Ciudad Jardín.
Ven a caminar, descubrir y vivir Viña del Mar con nosotros. Y antes de continuar tu viaje, no olvides tomarte una fotografía frente al reloj. Después de todo, quizás así tengas asegurado tu regreso.
